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No bastaba con cambiar el viaje: había que cambiar la mirada – Mama Elo's
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No bastaba con cambiar el viaje: había que cambiar la mirada

Soy Isra, y gestiono Mama Elo’s, podríamos decir, que desde el error. Este proyecto me ha permitido cuestionarme, reconocerme y redirigir esos comportamientos.

Llegué por primera vez a Tanzania en 2011, viajando y haciendo voluntariado. Después seguí moviéndome por el mundo, trabajando temporadas en distintos países, volviendo a casa los meses necesarios para ahorrar y marchándome otra vez. Antes de 2016 ya había regresado dos veces más a Tanzania.

Ese año volví con una idea bastante concreta. Había conseguido un buen trabajo en Barcelona y quería financiar desde España una pequeña ONG que acabábamos de poner en marcha, Mama Elo’s. Mi plan era venir durante un mes, dejarlo todo organizado y volver a mi trabajo. Por motivos personales que quizá cuente más adelante, acabé quedándome y gestionando yo mismo la ONG. Ahí empieza realmente esta historia.

Trabajábamos en escolarización, apoyo a familias, microcréditos y distintos proyectos comunitarios. Muchas cosas funcionaron, pero con el tiempo empecé a entender que conseguir un resultado no significaba necesariamente que la manera de llegar a él fuera la mejor.

Pintamos, por ejemplo, una escuela con voluntarios. El colegio se pintó, sí, pero tardamos casi un año y gastamos alrededor de cinco veces más de lo que habría costado contratar a dos personas de Mlangarini para hacerlo en menos de un mes. Si, el objetivo era pintar una escuela, pero empecé a preguntarme para quién estaba realmente diseñada aquella experiencia.

Con las mujeres masái pasó algo distinto y más complejo. Vendíamos las pulseras que hacían y las voluntarias pasaban unos días aprendiendo a hacerlas con ellas. Aquello generaba ingresos y favorecía vínculos, las mujeres masai y las voluntarias se conocían más allá de la foto y eso también abrió conversaciones importantes. Algunas mujeres empezaron a escolarizar especialmente a sus hijas, viendo en la educación una herramienta para darles más autonomía frente a matrimonios forzados, la mutilación genital femenina y otras decisiones que podían imponerse sobre sus vidas.

Había cosas valiosas ahí, y sería absurdo negarlo. Pero también empecé a ver que muchas pulseras no se compraban por el valor del producto, sino por la historia de sufrimiento que había detrás. La solidaridad, y a veces la pena, formaban parte de la venta.

Durante mucho tiempo no supe poner nombre a esas contradicciones. Hasta que empezaron a hacerlo otros.

En redes sociales recibí bastantes críticas. Complejo de salvador blanco. Romanticismo de la pobreza. Supremacía. Al principio me molestó. Pensaba que quienes me criticaban no conocían el trabajo, ni a las familias, ni los resultados. Después intenté entender por qué me lo decían.

Empecé a leer sobre cooperación, voluntariado, relaciones de poder y sobre la manera en la que muchas veces construimos la idea de “ayudar” desde fuera. Y en algunas cosas me vi reflejado, en muchas. No en la caricatura de alguien que llega pensando que va a salvar África, pero sí en dinámicas bastante más sutiles que son difíciles de ver precisamente cuando uno cree que está haciendo algo bueno.

Ese proceso fue una de las razones por las que Mama Elo’s dejó de funcionar como ONG y empezó a trabajar desde el turismo. Pensé que habíamos resuelto buena parte del problema, pero no del todo.

Durante los años siguientes seguí tomando muchas decisiones sobre qué era invasivo y qué no, qué partes de una cultura podían enseñarse, qué experiencias tenían sentido y cómo debía interpretar Tanzania la gente que venía con nosotros. Habíamos cambiado el modelo, pero yo seguía teniendo demasiado peso en esa mirada.

Después de seis años con los camps backpacker entendí que tampoco quería seguir haciéndolo así.

De ahí nace Aula Nómada.

No como una nueva forma de enseñar la “Tanzania real”, sino como una experiencia construida también por el equipo local, participando en las decisiones sobre qué queremos mostrar, cómo queremos hacerlo y qué conversaciones queremos abrir.

Porque conocer un país no consiste simplemente en salir de la ruta turística. Podemos cambiar un lodge por una aldea, un safari por un mercado o una excursión por una casa local y seguir mirando exactamente igual.

Aula Nómada nace para ir un poco más allá. Para hablar de educación, religión, agricultura, música, economía, turismo, historia y vida cotidiana. Para escuchar voces distintas, incluso cuando se contradicen. Y para entender que un país no existe únicamente a través de aquello que resulta interesante para quien lo visita.

Y Aula Nómada nace, en buena parte, de haber tenido que revisar mi propia mirada.

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